Para Michelle Ferrari, presidenta del Women Economic Forum (WEF) Iberoamérica, así como fundadora y socia estratégica de Great Culture to Innovate y Healthy Place to Work, esta transformación también ha modificado la forma de entender la gestión organizacional: “La cultura organizacional ha pasado de ser un tema complementario para convertirse en un factor para la competitividad”.
Refiere que, durante muchos años, la cultura fue asociada con iniciativas de Recursos Humanos o con el clima laboral; sin embargo, hoy en día existe una mayor comprensión sobre su impacto en variables para el negocio. “Sabemos que influye directamente en la capacidad de innovar, adaptarse, atraer talento y generar resultados sostenibles”, aclara.
Para la especialista, la cultura organizacional funciona como el vínculo que conecta la estrategia con la ejecución. Bajo esta perspectiva, los comportamientos colectivos, los estilos de liderazgo y los valores compartidos son elementos que determinan la capacidad de respuesta de una organización frente a escenarios en constante cambio.
Al respecto, Ferrari considera que las entidades enfrentan desafíos cada vez más complejos en un entorno marcado por la transformación constante: “Las organizaciones exitosas serán aquellas capaces de equilibrar innovación, bienestar y adaptación”. No obstante, advierte que el diferencial competitivo seguirá dependiendo de factores humanos, ya que, aunque la tecnología continuará transformando la operación de las empresas, habilidades como la creatividad, la empatía, el pensamiento crítico y la construcción de relaciones cobrarán mayor relevancia en entornos altamente automatizados.
Para la socia estratégica de Great Culture to Innovate, una cultura sólida debe entenderse como un activo estratégico capaz de generar impactos medibles en el negocio. “Las organizaciones con culturas sólidas suelen presentar mayores niveles de productividad, mejor capacidad de innovación, menor rotación de talento, mayor compromiso y mejores resultados de negocio”, afirma. Asimismo, reitera que los beneficios también se reflejan en indicadores relacionados con bienestar, salud organizacional, adaptación y experiencia del cliente.
La aceleración de los procesos de digitalización ha llevado a muchas organizaciones a replantear sus modelos de operación, liderazgo y gestión del talento; sin embargo, alcanzar resultados sostenibles implica atender factores que van más allá de la incorporación de nuevas herramientas tecnológicas.
Sobre este tema, Michelle Ferrari opina que la transformación organizacional requiere una visión integral que considere tanto a los procesos como a las personas: “El error principal consiste en pensar que la transformación depende únicamente de la tecnología; en realidad, implica un proceso humano que depende de la capacidad de las personas para adaptarse, aprender y evolucionar junto con la organización”.
Por lo referido, declara que la madurez cultural se ha convertido en un factor determinante para el éxito de cualquier iniciativa de cambio. “La tecnología acelera el cambio, pero es la cultura la que determina si ese cambio será sostenible”, aclara.
Para la presidenta del WEF Iberoamérica, la cultura organizacional no puede entenderse sin el papel que desempeña el liderazgo dentro de los procesos de transformación. Más allá de implementar estrategias o supervisar resultados, los líderes son quienes traducen los valores de la organización en acciones concretas y crean las condiciones necesarias para que las personas se involucren en la evolución del negocio.
En este sentido, resalta que la efectividad del cambio depende en gran medida de la capacidad de los líderes para generar entendimiento y compromiso entre los equipos: “Las personas necesitan comprender el propósito del cambio antes de comprometerse con él”.
Los procesos de cambio organizacional suelen asociarse con la incorporación de nuevas tecnologías, ajustes operativos o rediseños estructurales; sin embargo, la experta refiere que, para que estas iniciativas generen resultados sostenibles, las empresas también deben considerar la manera en que las personas se involucran y participan en la transformación. “La evolución no ocurre porque se modifiquen procesos o estructuras; ocurre cuando las personas entienden hacia dónde va la organización y cuál es su papel dentro de ese cambio”.
Bajo esta lógica, el liderazgo adquiere una relevancia particular en contextos marcados por la incertidumbre y la evolución de los mercados. Para Ferrari, el desafío consiste en generar claridad, confianza y sentido de dirección para mantener la cohesión de los equipos frente al cambio. A partir de su experiencia, Michelle observa una evolución en la manera de entender el liderazgo, ya que los resultados deben analizarse en conjunto con el desarrollo de las personas y la capacidad de construir organizaciones sostenibles.
De acuerdo con la especialista, este enfoque implica una forma de liderazgo que integra visión estratégica con una comprensión profunda del factor humano dentro de las empresas: “Los líderes efectivos son aquellos que combinan visión estratégica con inteligencia humana”. Añade que el liderazgo actual se define también por la capacidad de generar entornos de aprendizaje, colaboración y adaptación constante, donde el crecimiento de los equipos se vuelve parte del éxito organizacional.
De igual forma, subraya que el éxito sostenible no sólo depende de alcanzar objetivos financieros o de negocio, sino también de desarrollar equipos capaces de adaptarse y evolucionar de manera constante.
En sectores altamente regulados (como el contable, financiero o fiscal), las entidades enfrentan el reto de mantener estándares rigurosos de cumplimiento sin perder innovación. En su opinión, Ferrari asegura que ambas dimensiones no sólo son compatibles, sino complementarias. “La innovación y el cumplimiento no son excluyentes; las organizaciones más sólidas son aquellas que logran integrar disciplina operativa e innovación dentro de una misma estrategia de crecimiento”, asegura.
Al respecto, menciona que el cumplimiento aporta estabilidad y certidumbre a la gestión organizacional, mientras que la innovación permite a las empresas responder con mayor agilidad a los cambios del entorno. En ese equilibrio, considera clave habilitar espacios donde las personas puedan proponer mejoras y cuestionar procesos dentro de marcos de gobernanza definidos.
Para la especialista, este equilibrio adquiere una importancia especial en sectores donde la precisión operativa resulta crítica y los márgenes de error son reducidos. No obstante, advierte que, en estos contextos, la capacidad de adaptación continúa siendo una condición indispensable para sostener la competitividad en el largo plazo.
Otro de los temas que ha cobrado relevancia en los últimos años es el bienestar de las personas dentro de las organizaciones. El aumento de fenómenos como el desgaste profesional (burnout) ha impulsado una reflexión profunda sobre la relación entre desempeño, productividad y condiciones de trabajo.
En palabras de Ferrari, “el bienestar dejó de ser una iniciativa complementaria para convertirse en un componente estratégico del negocio”. Además, indica que ninguna organización puede sostener altos niveles de desempeño durante periodos prolongados si sus colaboradores operan bajo condiciones permanentes de desgaste físico o emocional; por ello, las empresas más avanzadas han comenzado a integrar el bienestar dentro de su estrategia corporativa y sus objetivos de negocio.
“Las empresas exitosas están entendiendo que cuidar la salud física, emocional, social y financiera de las personas no sólo mejora la experiencia laboral, sino también la productividad, la innovación y los resultados de negocio”. Ante esto, resalta que las expectativas del talento han evolucionado de manera significativa: “Hoy en día, las personas ya no se limitan a valorar la estabilidad económica, sino que priorizan factores como el propósito, el desarrollo profesional, la flexibilidad y la calidad del liderazgo”.
“Las personas persiguen mucho más que una compensación económica, es decir, buscan propósito, oportunidades de crecimiento, bienestar, flexibilidad y líderes que generen inspiración”, comenta. En este contexto, precisa que las organizaciones más competitivas serán aquellas capaces de construir experiencias laborales. “Las empresas que destacan son aquellas en donde las personas sienten que pueden desarrollarse profesionalmente mientras contribuyen a algo que genera valor para la sociedad”, explica.
La innovación continúa posicionándose como uno de los principales motores de crecimiento empresarial; sin embargo, para Michelle, su desarrollo no depende exclusivamente de la tecnología o de la inversión en investigación, sino de la capacidad de construir culturas que favorezcan nuevas formas de pensamiento y aprendizaje.
Sobre este punto, sostiene que: “La innovación comienza cuando las personas sienten que sus ideas tienen valor. No depende del sector, sino de que la organización fomente curiosidad, aprendizaje y apertura al cambio”. De igual manera, destaca que las culturas innovadoras suelen caracterizarse por promover la colaboración entre áreas, la diversidad de perspectivas y la experimentación responsable como parte de su dinámica cotidiana.
La diversidad también ocupa un lugar cada vez más relevante dentro de la agenda empresarial. En los últimos años, la participación de las mujeres en posiciones de liderazgo y órganos de gobierno corporativo ha ganado visibilidad; sin embargo, la presidenta del WEF Iberoamérica considera que aún existen retos importantes para traducir las intenciones en resultados concretos: “Hemos observado avances importantes, especialmente en la conversación pública y en el compromiso de muchas organizaciones. No obstante, todavía existe una diferencia significativa entre la intención y los resultados”.
Indica que los cambios significativos ocurren cuando la diversidad se incorpora de manera estructural en los procesos de gestión del talento, particularmente en áreas como el desarrollo, la promoción y la sucesión. Para Ferrari, la diversidad no debe abordarse únicamente desde una perspectiva de inclusión o representación, sino que constituye un factor estratégico que fortalece la calidad de las decisiones, impulsa la innovación y mejora la capacidad de adaptación de las organizaciones frente a entornos complejos.
Al reflexionar sobre los próximos años, Michelle Ferrari identifica una convergencia cada vez más estrecha entre liderazgo, bienestar, innovación y diversidad como elementos clave para la competitividad empresarial: “Estamos entrando en una nueva era donde la adaptación será tan importante como la ejecución”.
Finalmente, comenta que, aunque las herramientas tecnológicas continuarán avanzando a gran velocidad, el verdadero diferencial seguirá estando en las personas. “La capacidad de crear, colaborar, inspirar y construir futuro seguirá siendo el factor que marque la diferencia entre las organizaciones”, concluye.
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