Antes de profundizar en los aspectos técnicos, resulta indispensable comprender qué implica el riesgo desde la óptica de la gestión profesional. Al vincular los conceptos de riesgo y gestión, la referencia normativa obligada es la ISO 31000.
Con frecuencia se considera, especialmente en el ámbito de las pequeñas y medianas empresas (Pymes), que las certificaciones internacionales son exclusivas de las grandes corporaciones; no obstante, aunque el proceso de certificación puede representar un costo significativo, la metodología que sustenta estos estándares es gratuita y vital. Estandarizar la forma en que se procesan las amenazas constituye un factor que distingue a una organización resiliente de aquella que desaparece ante la primera crisis.
Según el estándar internacional, el riesgo es el efecto de la incertidumbre sobre los objetivos. En términos llanos, es la posibilidad de que algo ocurra y altere (parcial o totalmente) la marcha del proyecto. Para entenderlo, se desglosan sus componentes:
El “riesgo cero” no existe. En ningún balance contable aparece reflejado ni hay contrato alguno que lo elimine por completo; lo que sí se tiene es la capacidad de decidir cómo afrontarlo. La norma ofrece cuatro caminos:
La tecnología no sólo ha creado nuevas herramientas de control, ha descubierto una lista de amenazas que hace 20 años habrían parecido ciencia ficción. Desde la perspectiva del compliance, se observa cómo los delitos tradicionales han mutado.
Puede considerarse el caso de la validación de identidad. Antiguamente, la apertura de una cuenta bancaria requería presencia física y firma autógrafa; en la actualidad, existen empresas dedicadas exclusivamente a la validación remota de la identidad. La banca electrónica ha democratizado el acceso al capital, pero también ha facilitado el camino para el denominado “secuestro digital”. Ya no es necesario que se prive físicamente de la libertad a una persona para vaciar sus cuentas; basta con obtener el control de su dispositivo móvil.
Si se analiza la película Atrápame si puedes, se advertiría que el fraude con cheques realizado por Frank Abagnale Jr. resultaría hoy imposible. Los sistemas de validación en línea y los identificadores magnéticos han relegado esa técnica a la obsolescencia.
No obstante, la delincuencia no desapareció; se especializó. Antes, el riesgo radicaba en la falsificación de un voucher físico; en la actualidad, las tarjetas carecen de números impresos y la máquina de planchado es una reliquia de museo; el campo de batalla se ha trasladado a los datos biométricos. La paradoja es que, con mayor seguridad tecnológica, el eslabón más débil sigue siendo el mismo, el factor humano.
En el clima actual, ya no basta con hablar de seguridad informática; el concepto clave para 2026 es la ciberresiliencia.
Mientras la seguridad procura evitar que el daño ocurra, la resiliencia parte del reconocimiento de que, tarde o temprano, puede materializarse un ataque, y se enfoca en la capacidad de recuperación. En el ámbito contable, la resiliencia se refleja en la continuidad del flujo de caja; y en lo jurídico, en la protección frente a responsabilidades civiles y penales de los administradores.
El riesgo digital más severo hoy no es un virus informático, sino la ingeniería social. Es el arte de engañar a las personas para que entreguen sus llaves digitales voluntariamente. Un correo que parece del Servicio de Administración Tributaria (SAT), un mensaje de soporte técnico o una llamada urgente de su banco. En este caso, la gestión de riesgos no requiere software, sino educación y protocolos.
Desde el punto de vista jurídico, el riesgo tecnológico está intrínsecamente ligado a la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares (LFPDPPP). Para una empresa, perder la base de datos de sus clientes no es sólo un problema operativo, sino una contingencia legal que puede derivar en multas millonarias y daño reputacional irreparable.
Ahora bien, se proponen estas acciones para gestionar el entorno digital:
La tecnología es una aliada poderosa que ha potenciado la capacidad de generar riqueza y bienestar; sin embargo, como todo activo valioso, requiere una vigilancia constante. La gestión de riesgos no es un destino, sino un proceso continuo de adaptación. Al aplicar la lógica de la ISO 31000 a la vida digital, no sólo se protege el patrimonio, sino también la tranquilidad en este incierto océano tecnológico.
La correcta preparación del dictamen fiscal exige conocimiento técnico, documentación rigurosa y atención a áreas de alto riesgo tributario.
Eduardo Estrada Borja, Fabiola López DorantesAnte el auge de herramientas tecnológicas, la ciberseguridad se convierte en una extensión de la ética profesional del contador y un pilar de confianza.
Ana Guadalupe Avila AlbarránPara el contador, el peritaje fortalece competencias núcleo como pensamiento crítico, documentación robusta y comunicación clara con públicos no financieros.
Orlando Corona LaraEl futuro de la IA en México depende de un esfuerzo conjunto entre Gobierno e iniciativa privada para crear un ecosistema inclusivo, ético y sostenible.
Gustavo Arenas Ibarra© 2026 Colegio de Contadores Públicos de México, A.C.
Directorio Contacto Aviso legal Acerca de VeritasInicia sesión o suscríbete para continuar leyendo.