Ecos del capital humano

Talento líquido: la ventaja competitiva que reemplaza al puesto fijo

El talento líquido es la capacidad para moverse entre funciones, proyectos, tecnologías y problemas de negocio sin perder profundidad ni criterio.

Talento líquido: la ventaja competitiva que reemplaza al puesto fijo


Mtro. Hugo Guillermo Olivares Lima
Mtro. Hugo Guillermo Olivares Lima Director en The Dream Team University
Ecos del capital humano 17 de junio de 2026

En esta era de la Inteligencia Artificial (IA), automatización y modelos de negocio acelerados, algunas organizaciones siguen administrando el talento como si las personas fuesen piezas fijas de una maquinaria estable. Durante años se premió la especialización estrecha, la obediencia al puesto, la eficiencia entendida como repetición y la movilidad interna vista como amenaza. El problema es que el entorno dejó de validar esa lógica. Hoy en día, el talento fijo, anclado en un estrecho campo de acción, puede convertirse en una vulnerabilidad silenciosa para las organizaciones y los profesionales.

Grupo Famsa en México, Bed Bath & Beyond en Estados Unidos y Toshiba en Asia son ejemplos recientes de organizaciones que no lograron moverse con la velocidad que exigía su entorno. Sus caídas fueron multicausales: financieras, estratégicas, tecnológicas, regulatorias, competitivas y de gobierno corporativo; sin embargo, en las tres pudo observarse la presencia de ese factor silencioso, es decir, la sedimentación de sus capacidades humanas y organizacionales.

Cuando el escenario cambia, no basta con tener experiencia, historia o talento; se requiere aprender, abandonar inercias, recombinar habilidades y ejecutar nuevas estrategias antes de que el deterioro sea irreversible.

¿Qué es el talento sedimentado?

Es el conjunto de capacidades humanas que, aun siendo valiosas, quedan atrapadas en puestos, procesos, jerarquías, indicadores, tecnologías o hábitos que reducen su movilidad estratégica. En su versión extrema, puede hablarse de talento fosilizado: personas y equipos competentes para operar el pasado, pero insuficientemente preparados para transitar el futuro.

No se trata de falta de inteligencia, ya que muchas veces la sedimentación del talento es producida por la propia organización. Durante décadas, la herencia tayloriana enseñó a fragmentar el trabajo, controlar tareas, separar funciones y medir la eficiencia por cumplimiento. Después, la hiperestandarización burocrática cerró aún más el cerco: descripciones de puesto rígidas, autorizaciones excesivas, capacitación desvinculada del negocio y carreras profesionales diseñadas como túneles.

El resultado es conocido: colaboradores que saben hacer bien “lo suyo”, pero no pueden moverse con facilidad hacia nuevos proyectos, tecnologías, problemas o modelos de valor.

Signos visibles del talento fosilizado

Signo visible Lo que revela
“Eso no me toca”. Identidad profesional encerrada en la descripción del puesto.
Exceso de autorizaciones. Baja autonomía y debilitamiento del juicio individual.
Áreas que protegen su personal. Movilidad interna bloqueada por miedo a perder el control.
Presencia de indicadores por silo. Colaboración castigada, aunque el cliente o el negocio pierdan.
Cursos sin aplicación real. Aprendizaje decorativo, no transformación de capacidades.
Resistencia a nuevas tecnologías. Miedo a perder identidad, autoridad o relevancia profesional.

Una organización con talento sedimentado puede tener personas capaces y volverse lenta; puede tener experiencia y perder oportunidad; puede tener recursos humanos abundantes y carecer de capacidades movilizables para ejecutar una nueva estrategia.

La alternativa: talento líquido

Se trata de la capacidad de las personas para moverse entre funciones, proyectos, tecnologías y problemas de negocio sin perder profundidad ni criterio. No implica formar colaboradores improvisados o generalistas superficiales, sino profesionales con habilidades transferibles, aprendizaje continuo, apertura al cambio, pensamiento sistémico y capacidad para colaborar más allá de su área original.

En una organización con talento líquido, el puesto deja de ser una frontera y se convierte en una base de contribución. La persona no se define únicamente por su cargo, sino por su portafolio de habilidades, experiencias, intereses y capacidad de aportar valor en distintos contextos.

Unilever, mediante FLEX Experiences, y Schneider Electric, con Open Talent Market, han impulsado plataformas internas para conectar colaboradores con proyectos, oportunidades y mentorías. En ambos casos, la lógica es hacer visibles las capacidades disponibles, abrir la movilidad interna y evitar que el talento quede atrapado en los silos de la organización. Estos ejemplos muestran que el talento líquido no es una consigna inspiracional, sino que puede traducirse en sistemas, reglas e indicadores que conectan habilidades con necesidades reales del negocio.

Es necesario construir talento líquido, personas capaces de aprender, colaborar y moverse hacia donde el negocio necesita crear valor.

¿Por qué incomoda flexibilizar el talento?

La idea de talento líquido suele resultar contraintuitiva para muchas personas porque contradice creencias arraigadas:

Paradigma tradicional Nuevo paradigma
El puesto define a la persona. Las habilidades habilitan contribuciones diversas.
La estabilidad viene de repetir. La estabilidad viene de aprender.
Mover talento es perder control. Mover talento es aumentar capacidad estratégica.
La especialización basta. La especialización debe volverse transferible.
La capacitación ocurre en cursos. El desarrollo ocurre en experiencias retadoras.
La eficiencia es no desviarse. La eficiencia futura exige adaptación.

Muchos líderes temen que la movilidad genere caos, pérdida de productividad o dilución de responsabilidades. Ese riesgo existe si se improvisa; no obstante, el extremo contrario también es peligroso, ya que una empresa demasiado rígida puede convertirse en una organización impecablemente ordenada para un mercado que ya desapareció.

Ruta práctica para desarrollar talento líquido

La implantación de una estrategia de talento líquido no requiere desarticular a la organización. Conviene avanzar con cinco pasos:

  • Diagnosticar silos, puestos rígidos y habilidades obsoletas.
  • Mapear capacidades reales más allá de los cargos.
  • Identificar proyectos para talento transversal.
  • Crear pilotos mediante rotaciones, mentorías, squads (escuadrones por proyecto) o comunidades de práctica.
  • Medir valor en aprendizaje, habilidades críticas, retención, innovación y resultados de negocio.

La movilidad debe protegerse: si los jefes bloquean a sus mejores personas por miedo a perderlas, la organización castiga la colaboración que dice promover.

La IA puede acelerar esta transición al mapear habilidades, recomendar aprendizaje, conectar personas con proyectos y liberar tiempo que antes era consumido por tareas repetitivas. Su mayor valor no está en crear máquinas humanas más rápidas, sino en revelar capacidades ocultas y acompañar a los profesionales hacia actividades de mayor criterio, análisis, creatividad y colaboración.

Conclusiones

El talento fosilizado se forma cuando una organización premia la repetición, encierra a las personas en puestos estrechos y confunde estabilidad con inmovilidad. La alternativa no es improvisar ni abandonar la especialización, sino construir talento líquido, personas capaces de aprender, colaborar y moverse hacia donde el negocio necesita crear valor. Empezar en pequeño, experimentar con proyectos reales y crear victorias visibles puede ayudar a las organizaciones a sacudirse la herencia tayloriana (útil en su momento, pero actualmente insuficiente) y competir con más inteligencia, velocidad y sentido humano.icono final



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