La resolución, impulsada inicialmente por Estados Unidos y respaldada por más de 120 países, reconoce que la IA tiene un enorme potencial para impulsar el desarrollo humano, pero también plantea riesgos éticos, sociales y económicos. En palabras del secretario general de la ONU, António Guterres: “La IA no debe ser un lujo de unos pocos, sino una herramienta para el progreso de todos”.
El texto hace énfasis en tres pilares: seguridad (al evitar daños intencionados o accidentales), confiabilidad (al garantizar resultados verificables y sin sesgos) y respeto a los derechos humanos; asimismo, se subraya la necesidad de cerrar la brecha digital y asegurar que la IA contribuya al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
El 26 de agosto de 2025, la ONU aprobó una segunda resolución (A/RES/79/325) que complementa la anterior al crear dos instrumentos clave: el Panel Científico Internacional sobre IA y el Diálogo Global de Gobernanza de la IA.
El primero funcionará como un organismo internacional comparable al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que evaluará de forma independiente los avances, riesgos y oportunidades de esta tecnología. Por su parte, el segundo busca generar entendimientos comunes entre gobiernos, empresas y sociedad civil a fin de evitar una fragmentación normativa que obstaculice la innovación y la protección de derechos.
Ambas iniciativas retoman las recomendaciones del informe Governing AI for Humanity (ONU, 2024), elaborado por el Alto Panel Asesor sobre IA, el cual advertía sobre la urgencia de establecer estructuras de cooperación internacional antes de que la tecnología avance más rápido que la regulación.
Aunque a primera vista estas resoluciones parecen temas técnicos o de política internacional, tienen implicaciones directas para el ejercicio profesional de la contaduría. Cada vez más, las firmas utilizan herramientas basadas en IA para automatizar auditorías, análisis de datos y control de riesgos.
El concepto de “IA confiable” implica que las organizaciones deben demostrar cómo funcionan sus algoritmos, qué datos utilizan y qué mecanismos existen para corregir los sesgos. En este sentido, los contadores, como garantes de la transparencia y la rendición de cuentas, se convierten en actores esenciales para supervisar y certificar que los sistemas automatizados operen bajo principios éticos y verificables. Linda Thomas-Greenfield, representante permanente de Estados Unidos ante la ONU, lo expresó con claridad: “La IA debe convertirse en una herramienta para el progreso humano, no en un riesgo para él”.
Para el ámbito contable, esta visión implica reforzar el control interno, la trazabilidad de los modelos y la auditoría tecnológica. Hoy en día, los sistemas de IA pueden detectar fraudes o anomalías en segundos, pero la responsabilidad de garantizar que esos resultados sean justos y verificables recae en los profesionales de la contaduría.
La nueva gobernanza que propone la ONU no parte de cero. Documentos como la Recomendación sobre la Ética de la IA de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por su acrónimo en inglés) o los Principios de IA de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ya delineaban las bases: transparencia, equidad, rendición de cuentas y supervisión humana.
La diferencia es que ahora la ONU dota de estructura institucional a estas ideas. El panel científico permitirá disponer de evidencia comparable entre países, mientras que el diálogo global servirá para coordinar estándares técnicos, éticos y regulatorios. Este marco facilitará la creación de indicadores comunes que, eventualmente, podrían incorporarse en auditorías, certificaciones o informes de sostenibilidad.
Lo anterior abre la puerta a un nuevo campo dentro de la profesión contable: la auditoría ética de algoritmos, donde la precisión técnica deberá ir acompañada de responsabilidad social.
En México, donde las brechas digitales son aún amplias, las resoluciones de la ONU representan un desafío y una oportunidad. Aunque no son jurídicamente vinculantes, suelen orientar políticas públicas y normativas profesionales; esto puede significar un impulso hacia la adopción de marcos éticos de IA en sectores clave: financiero, fiscal, contable y educativo.
Aunado a lo anterior, se plantea la necesidad de formar profesionales capaces de auditar algoritmos y evaluar riesgos tecnológicos. Las universidades y colegios profesionales tienen la tarea de integrar competencias en gobernanza digital y ética de datos dentro de sus planes de estudio.
La ONU ha trazado una ruta clara: la IA debe desarrollarse bajo principios de seguridad, confiabilidad y respeto por los derechos humanos. Para la profesión contable, este llamado implica un nuevo estándar ético que combina la precisión técnica con compromiso social.
Los contadores públicos están llamados a ser guardianes de la transparencia algorítmica. En un mundo donde las decisiones automatizadas influyen en el crédito, los impuestos o la inversión, su papel será clave para asegurar que la tecnología sirva. La IA no reemplazará la esencia del profesional, su criterio, ética y compromiso con la verdad, pero sí lo desafiará a reinventarse.
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