Un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) aborda las oportunidades en este rubro en Latinoamérica. Señala que la IA tiene un potencial significativo para mejorar la productividad en el sector formal, expandirlo y reducir la informalidad, lo que facilitaría la convergencia de la región con economías más avanzadas. Además, el estudio advierte que los retrasos en la adopción de la IA entre la región y los países desarrollados fueron menores que los de tecnologías anteriores, lo que sugiere una ventana de oportunidad para acortar brechas si actuamos con visión.
Los beneficios son evidentes: eficiencia operativa, reducción de costos, personalización a gran escala y nuevas oportunidades de negocio; pero la importancia de la IA no puede analizarse de forma genérica. Los beneficios y los riesgos dependen de la posición que cada organización ocupe frente a la llamada “tríada de la IA”.
Nota: esta tríada determina la posición estratégica de cada organización frente a esta tecnología. Propuesta por Mustafa Suleyman, cofundador de DeepMind y actual CEO de IA para Microsoft.
Es fundamental considerar esta clasificación para ubicar a las organizaciones en un continuo, donde algunas controlan la tríada y marcan el ritmo, mientras que otras son usuarias que adoptan capacidades externas.
Con esta mirada, la conversación deja de ser sobre qué herramientas probar y se enfoca en qué capacidades construir y cómo gobernarlas para capturar valor sin perder el control.
El reto no es sólo operativo. Desde el punto de vista de las empresas que conforman la tríada, una IA mal contenida puede dar lugar a los siguientes escenarios:
De hecho, las grandes tecnológicas ya anticipan escenarios disruptivos. La llamada cláusula Artificial General Intelligence (AGI) en el acuerdo entre Microsoft y OpenAI prevé lo que sucederá si se alcanza una tecnología capaz de desempeñar tareas cognitivas a nivel humano. Aunque aún hipotética y controversial para ambas partes, esta discusión muestra que las personas con mayor conocimiento en el tema no están esperando a que los riesgos se materialicen, sino que están estableciendo controles desde ahora.
El verdadero peligro no es que la IA falle, sino que lo haga a un nivel de complejidad en el que no se conozca cómo arreglarla o contrarrestarla.
No todo es amenaza; el desarrollo de los agentes de IA (con capacidad de planear, tomar decisiones y ejecutar acciones de manera autónoma) abre una ventana inédita de oportunidades, principalmente para las organizaciones en la categoría de usuarios. Estos sistemas no se limitan a responder preguntas o generar textos; son capaces de coordinar múltiples tareas, aprender de la retroalimentación y trabajar en conjunto con otros agentes para resolver problemas complejos.
Para las organizaciones, esto puede significar un salto en productividad y creatividad:
No obstante, la llegada de estos agentes exige una preparación distinta. Las organizaciones deben fortalecer su gobernanza ética y técnica, asegurando que las decisiones automatizadas sean siempre rastreables y explicables. Se deben incorporar expertos en IA y ética en los consejos de administración, capaces de anticipar riesgos y cuestionar los límites de autonomía de estos sistemas, así como desarrollar capacidades de supervisión continua, porque la sofisticación de esta herramienta también puede escalar hacia amenazas como ciberataques autónomos o errores imposibles de detectar sin instrumentos avanzados de control.
En otras palabras, los agentes de IA son una oportunidad transformadora para quienes sepan contenerla y gobernarla; asimismo, constituye un riesgo existencial para quienes la adopten sin reglas claras.
Frente a este panorama, la importancia de la gobernanza ética no puede subestimarse. Las organizaciones necesitan pasar del entusiasmo comercial a un marco de contención que incluya consejos de administración con especialistas en IA, no para detallar algoritmos, sino para cuestionar sus implicaciones éticas y estratégicas.
Asimismo, es necesario contar con políticas claras de gobernanza tecnológica que definan hasta dónde puede llegar la autonomía de la IA dentro de la organización, así como una cultura de transparencia y rendición de cuentas, asegurando que cada decisión automatizada sea explicable y rastreable.
En cuanto a la tarea de los gobiernos y reguladores, estos avanzan mucho más lento que esta tecnología. Ante esta brecha, las organizaciones deben asumir la responsabilidad de establecer sus propias políticas éticas y mecanismos de control. La contención y gobernanza efectiva de la IA no puede esperar a la regulación, pues es un mandato corporativo para proteger a clientes, empleados y la reputación empresarial.
Por ello, así como en el pasado se incorporaron expertos en auditoría, leyes, economía, tecnología o sustentabilidad, hoy resulta imprescindible incorporar (en los consejos de administración) voces que entiendan la IA y, sobre todo, que aporten un enfoque ético y humano a su adopción.
La IA es la mayor oportunidad de innovación y el mayor reto de gobernanza de nuestra era. Su importancia no reside únicamente en los beneficios inmediatos que genera, sino en la capacidad de las organizaciones de usarla con ética, prudencia y visión de largo plazo.
El riesgo real no es que la IA sea demasiado poderosa, sino que avancemos sin establecer reglas claras que permitan contenerla. Asimismo, el beneficio real no es sólo ahorrar costos, sino construir un modelo donde la tecnología, incluso en su forma más avanzada, siga estando al servicio de la sociedad.
Como en las tres leyes de la robótica, la IA necesita gobernanza, pues aprende, cambia, se adapta, interpreta y, sobre todo, necesita límites para florecer.
Christian Vázquez SánchezLa adopción de la IA permite a las organizaciones cerrar acuerdos con celeridad, tomar decisiones informadas y transformar cada desafío en una victoria.
Nissim Heffes AntarUn agente autónomo de IA es un asistente especializado que reduce la carga de trabajo para que el profesional se concentre en análisis estratégicos.
Christian Vázquez SánchezLa gobernanza tecnológica requiere supervisión constante, mecanismos de validación y políticas claras sobre el uso responsable de herramientas como la IA.
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