Por sí solas, cada una resuelve una parte del problema, pero articuladas forman lo que puede llamarse una trifecta, es decir, un circuito completo donde el dato nace confiable, se conserva íntegro y se vuelve ejecutable.
Para el auditor interno y el responsable del gobierno de datos, esta convergencia plantea una oportunidad y un riesgo de igual magnitud: la oportunidad es disponer, por primera vez, de evidencia trazable de extremo a extremo. Es importante resaltar que esta tecnología no es inmune a que los registros en blockchain contengan errores, pero ese aspecto es algo presente en los sistemas de registro actuales.
Tokenizar un dato significa representarlo como un registro digital único (inalterable y con identidad propia) en un libro distribuido. Por ejemplo, un sensor de temperatura, un medidor de energía o un lector de ubicación registra un evento; ese evento puede anclarse en cadena como un token que certifica qué se midió, cuándo y dónde, sin posibilidad de alteración posterior. El dato deja de ser un registro modificable en una base de datos corporativa para convertirse en evidencia con valor probatorio basado en los estándares de encriptación (considerar la NOM-151-SCFI-2016 y el nivel de encriptación SHA-256).
Esta transformación es la que da sentido a la trifecta. Un dato de IoT sin blockchain es confiable solo en la medida en que confiemos en quien administra el servidor (y sus datos de entrada) que lo almacena; asimismo, un dato tokenizado sin IoT carece de vínculo verificable con el mundo físico; ambos, sin la IA, generan un volumen de evidencia que ningún equipo humano puede interpretar a la velocidad que exige la operación.
Entender la trifecta exige separar con claridad qué aporta y qué arriesga cada componente.
Fuente: elaboración propia.
Esta capa está dando un paso adicional con la IA agéntica, es decir, sistemas que no se limitan a recomendar, sino que actúan de forma autónoma sobre el dato tokenizado, ejecutando transacciones, disparando contratos inteligentes o reconfigurando procesos sin intervención humana en cada paso. La trifecta gana así un cuarto matiz: el de la acción automatizada, que eleva tanto el potencial como la exposición.
Cuando un agente puede ejecutar de manera irreversible en cadena, la gobernanza debe definir con precisión los límites de su autonomía, los puntos de aprobación humana obligatoria y el registro auditable de cada decisión que el agente toma por su cuenta. Para el auditor, el agente deja de ser una herramienta y pasa a ser un sujeto de control en sí mismo.
La tecnología no produce buena gobernanza por sí sola; la habilita. Gobernar datos tokenizados en un entorno de trifecta supone definir con precisión quién es responsable de cada eslabón y cómo se controla. Sin ese marco, la organización acumula evidencia inmutable de procesos que nunca validó. Los componentes mínimos de una gobernanza efectiva incluyen:
Auditar este ecosistema exige seguir el dato a lo largo de los tres eslabones, no revisar cada uno en aislamiento. Algunas pruebas que el auditor interno puede diseñar:
El valor último de la trifecta es habilitar lo que puede denominarse confianza verificable, es decir, la propiedad por la cual la corrección de un proceso puede ser comprobada por cualquier parte interesada a partir de evidencia técnica trazable, sin necesidad de confiar ciegamente en quien lo ejecuta. IoT aporta el origen verificable, blockchain la conservación verificable y la IA una interpretación, todo mediante procesos que la gobernanza debe mantener igualmente verificables. Cuando los tres eslabones cumplen, la confianza deja de delegarse y pasa a comprobarse.
Este enfoque se alinea con marcos normativos en consolidación. El Reglamento de IA de la Unión Europea (UE 2024/1689) introduce exigencias de trazabilidad y supervisión humana para sistemas de alto riesgo; la recomendación de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por su acrónimo en inglés) sobre la ética de la IA aporta principios de rendición de cuentas; ahora bien, en el ámbito de los activos virtuales en México, la Ley para Regular las Instituciones de Tecnología Financiera (Ley Fintech) fija obligaciones aplicables. Su conocimiento permite al auditor sustentar observaciones en criterios reconocidos y anticipar la dirección regulatoria.
La trifecta de blockchain, IoT e IA no es la suma de tres tecnologías de moda, sino un circuito de confianza donde cada componente cubre la debilidad del otro: IoT vincula el dato con el mundo físico, blockchain lo preserva íntegro y verificable, y la IA lo vuelve accionable. La gobernanza de datos es el marco que convierte esa arquitectura en valor controlado en lugar de evidencia inmutable de procesos sin validar.
Para el auditor interno, dominar esta convergencia deja de ser una curiosidad técnica para volverse una condición de relevancia. Quien comprenda cómo fluye y se asegura el dato a lo largo de la trifecta podrá no solo evaluar el riesgo, sino contribuir a diseñar organizaciones cuya confianza sea, por arquitectura, verificable.
El alignment inverso en la IA es cuando un sistema optimiza una función insuficiente; la potencia del cálculo no corrige una mala formulación del problema.
Christian Vázquez SánchezEs necesario un código de ética en un entorno donde la IA se integra de forma acelerada y los riesgos se traducen en errores y crisis reputacionales.
Víctor Miguel Morales GonzálezComo en las tres leyes de la robótica, la IA necesita gobernanza, pues aprende, cambia, se adapta, interpreta y, sobre todo, necesita límites para florecer.
Christian Vázquez SánchezLa necesidad de validar y analizar la información generada mediante IA hace que la presencia del contador sea indispensable en las organizaciones.
Gilberto Jesús Morales Navarrete© 2026 Colegio de Contadores Públicos de México, A.C.
Directorio Contacto Aviso legal Acerca de VeritasInicia sesión o suscríbete para continuar leyendo.