En este contexto, la contadora Betsy Eslava Altamirano, presidenta de la Asociación Mexicana de Franquicias (AMF) y primera mujer en encabezar este organismo, explica los retos del sector, así como las oportunidades que representa la profesionalización y la internacionalización de las marcas mexicanas.
Al frente de la asociación, Betsy Eslava explica que uno de los principales objetivos de la AMF es representar e impulsar el sector; para ello, señala que se desarrollan actividades de capacitación, certificación, vinculación, acceso al financiamiento y promoción de mejores prácticas. Además, comparte que la profesionalización ocupa un lugar central en esta estrategia. La asociación certifica a las marcas bajo la norma ISO/IEC 17067, relacionada con la transferencia del conocimiento y del modelo de negocio hacia los inversionistas. “El propósito es fortalecer los procesos mediante estándares que permitan a las empresas operar con mayor solidez y facilitar su reconocimiento en otros mercados”, señala.
A la par, la AMF busca contribuir al fortalecimiento institucional del sector mediante reglas claras y un marco regulatorio sólido. Esta labor se complementa con la vinculación con organismos empresariales y gubernamentales, así como con instituciones relacionadas con el financiamiento y el desarrollo de las empresas.
A su vez, la relevancia económica del sector se refleja en sus indicadores. De acuerdo con las cifras compartidas por la presidenta de la AMF, el sector representa alrededor del 5% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y, para 2026, se espera un crecimiento anual del 6%. “Las franquicias generan inversión, formalidad, empleo y desarrollo regional e internacional. Somos un motor de la economía mexicana”, asegura la especialista.
Más allá de las cifras, el valor agregado del modelo consiste en permitir al inversionista emprender de la mano con una marca que aporta manuales, capacitación y soporte a partir de procesos previamente desarrollados. “De esta manera, la franquicia constituye una alternativa para quienes buscan iniciar o expandir un negocio a partir de un modelo probado”, aclara.
Otro de los avances destacados por la AMF es la incorporación del sector franquicias al programa Hecho en México, iniciativa orientada a fortalecer la competitividad y visibilizar la calidad de las empresas nacionales. La incorporación adquiere relevancia porque, de acuerdo con Eslava, el programa había estado tradicionalmente vinculado con actividades industriales y manufactureras. “La participación de las franquicias reconoce su contribución a la generación de empleo, creación de empresas y desarrollo económico”, explica.
Asimismo, considera que este distintivo puede convertirse en una herramienta de posicionamiento internacional: “Cuando las marcas mexicanas participan en encuentros y pabellones en otros países, el sello permite asociar al sector con elementos como calidad, cultura gastronómica, procesos productivos, tecnología y capacitación”.
En este sentido, la identidad mexicana puede constituir un activo para la internacionalización; no obstante, Eslava Altamirano señala que llevar una franquicia a otro mercado requiere más que replicar un concepto exitoso, pues implica comprender las características particulares de cada región y adecuar el modelo a las condiciones del consumidor.
Una de las fortalezas identificadas de las franquicias mexicanas es su capacidad de adaptación. La diversidad de mercados que existe, incluso dentro del territorio nacional, ha obligado a las marcas a desarrollar modelos flexibles y responder a consumidores con necesidades distintas. En palabras de la contadora: “Las franquicias mexicanas son resilientes a los cambios económicos y también son creativas y adaptables”.

La integración de México con Estados Unidos y Canadá abre la posibilidad de identificar prácticas que pueden contribuir a fortalecer el sector mexicano, ya que cada mercado presenta características particulares que pueden convertirse en referentes para las franquicias nacionales.
Desde la perspectiva de la presidenta de la AMF, Canadá destaca por su institucionalidad, profesionalización y enfoque sustentable. “El desarrollo de procesos estructurados y la atención a criterios ambientales representan áreas en las que México puede encontrar oportunidades de aprendizaje”, considera. Estados Unidos, por su parte, sobresale por su capacidad para escalar los modelos de negocio: “El desarrollo de franquiciatarios y la operación de cientos o miles de establecimientos muestran una visión orientada al crecimiento de gran escala”.
Por lo anterior, refiere que la oportunidad para México consiste en combinar estas experiencias con sus fortalezas, como la creatividad, resiliencia y adaptación. De igual forma, las mesas técnicas desarrolladas entre los tres países (en los que la Eslava participa) han permitido identificar diferencias y encontrar puntos de convergencia. “La diversidad de perspectivas sobre la manera de hacer negocios puede enriquecer la cooperación y facilitar la construcción de mecanismos comunes”, señala.
Al abordar la expansión, Betsy indica que las marcas requieren procesos sólidos y conocimientos suficientes para enfrentar nuevos mercados: “Contar con estándares internacionales permite generar mayor confianza y facilitar el reconocimiento de los procesos empresariales”. Para las franquicias, esto resulta especialmente relevante porque la expansión implica transferir un modelo de negocio a un inversionista ubicado en un entorno regulatorio y cultural diferente.
Aunado a ello, la regulación constituye otro desafío, ya que México cuenta con mecanismos específicos para informar al potencial franquiciatario sobre las características del modelo, los costos y las condiciones de la inversión: “En Estados Unidos, por ejemplo, el esquema del Franchise Disclosure Document (FDD) se desarrolla dentro de un entorno regulatorio que puede variar significativamente entre estados”.
Como resultado, una franquicia mexicana que pretenda ingresar a Estados Unidos debe estudiar las condiciones de la jurisdicción correspondiente: “California, Texas o Florida pueden presentar diferencias importantes en materia regulatoria, por ejemplo”. Añade que la preparación también comprende el registro adecuado de la propiedad intelectual, la documentación de procesos, la adecuación del modelo de negocio, el desarrollo de cadenas de suministro y el conocimiento de las condiciones locales. No obstante, para Eslava, a estos elementos se suma la selección del socio estratégico.
En este contexto, la cooperación entre México, Estados Unidos y Canadá busca convertir necesidades en mecanismos concretos. El Memorándum of Agreement, suscrito entre los organismos de franquicias de los tres países, contempla tres áreas: regulación, soft landing y educación.
El primer componente está relacionado con los aspectos legales y regulatorios que deben conocer las empresas antes de ingresar a otro mercado; el segundo plantea desarrollar mecanismos de soft landing que faciliten la llegada de las marcas mediante información y acompañamiento; y el tercero se enfoca en la educación y la capacitación.
“La intención es que la cooperación se traduzca en una guía práctica que permita a las empresas identificar oportunidades y condiciones de entrada. Además de la inteligencia de mercado, la información cultural, los costos, las condiciones laborales, las ciudades con mayor potencial y las características del consumidor forman parte de los elementos que deberán considerarse”, afirma Betsy.
La dimensión cultural adquiere especial importancia. Los hábitos de consumo no son iguales entre países y una franquicia debe adaptar sus productos y servicios a las preferencias locales: “Las diferencias pueden encontrarse incluso en aspectos aparentemente menores, como los hábitos alimenticios, pero también abarcan cuestiones profundas relacionadas con la estructura del mercado, la diversidad de los equipos de trabajo y las expectativas del consumidor”.
Estados Unidos y Canadá son mercados particularmente cosmopolitas, por lo que las marcas mexicanas que ingresen a estos países deberán estar preparadas para trabajar con personas de distintas nacionalidades y atender a consumidores con diferentes preferencias. En este escenario, la transformación digital constituye otro de los componentes prioritarios. “La adopción tecnológica debe acompañar los procesos de internacionalización para mejorar la eficiencia y permitir que las empresas operen bajo estándares competitivos”, asegura la experta.
Aunado a lo anterior, menciona que también será necesario desarrollar cadenas de suministro locales: “Una franquicia que llega a otro país generalmente busca proveedores en el mercado de destino, por lo que la internacionalización puede generar oportunidades no solamente para las marcas franquiciantes, sino también para proveedores locales”.

La dimensión del acuerdo multilateral adquiere mayor relevancia al observar el tamaño del sector en los tres países. En conjunto, México, Estados Unidos y Canadá concentran más de un millón de establecimientos franquiciados.
“México aporta alrededor de 95,000 establecimientos; Canadá, aproximadamente 70,000; y Estados Unidos, cerca de 830,000. En materia de conceptos, los tres mercados reúnen más de 6,600 marcas: aproximadamente 1,500 en México, 1,100 en Canadá y 4,300 en Estados Unidos”, precisa la también maestra en Dirección Internacional.
El impacto en materia de empleo también resulta significativo: “Los tres países generan en conjunto alrededor de nueve millones de empleos vinculados con las franquicias; más de un millón en México, aproximadamente dos millones en Canadá y cerca de 4.5 millones en Estados Unidos”.
La expectativa es que, durante los próximos cinco años, puedan generarse alrededor de un millón de empleos adicionales en la región; no obstante, la cifra se considera conservadora frente al potencial de crecimiento de un mercado de esta dimensión. La cooperación tendrá continuidad mediante revisiones periódicas y encuentros anuales rotativos entre los tres países.
La internacionalización del sector también abre una oportunidad para fortalecer la vinculación entre las franquicias y la comunidad contable y financiera. Para la contadora, es fundamental contar con la participación de organismos profesionales y especializados, pues su intervención puede contribuir a que las empresas dispongan de información actualizada sobre regulación, fiscalidad, información financiera y sostenibilidad.
En este sentido, la profesión contable puede desempeñar un papel relevante: “La existencia de organismos encargados de desarrollar y actualizar normas permite demostrar que México cuenta con estructuras capaces de acompañar el crecimiento empresarial”.
La aspiración es que la imagen internacional de las empresas mexicanas combine dos atributos: por un lado, la capacidad de adaptación y resiliencia que caracteriza a los empresarios nacionales; y, por otro, una institucionalidad que genere confianza y certidumbre.
La presidencia de la AMF representa también un elemento de transformación dentro de una organización con más de 36 años de trayectoria. “La llegada de una mujer a la presidencia refleja una mayor apertura hacia la participación femenina en posiciones directivas y empresariales”, afirma.
Más allá de la representación, el liderazgo se plantea desde una perspectiva orientada a resultados, con énfasis en la cercanía, la inclusión y el componente humano. Para Betsy, la participación de mujeres en posiciones de decisión tiene un efecto de visibilidad para las nuevas generaciones.
Entre los retos para los próximos años se encuentran fortalecer la unidad del sector, continuar con la profesionalización de las marcas, incrementar la participación femenina en posiciones de liderazgo y consolidar una asociación moderna y financieramente sólida. “A esto se suma el objetivo de ampliar la presencia nacional e internacional de la organización, así como aprovechar la cooperación trilateral para impulsar nuevas oportunidades de negocio”, asegura la presidenta de la AMF.
La cooperación entre México, Estados Unidos y Canadá representa una oportunidad que trasciende al sector de franquicias, de acuerdo con la presidenta de la AMF. La generación de empleo, la creación de nuevas empresas y el fortalecimiento del intercambio comercial pueden contribuir al desarrollo económico de la región. “Para México, el desafío consiste en aprovechar sus fortalezas y acompañarlas con mayor profesionalización, capacitación, certificación, transformación digital, conocimiento regulatorio, inteligencia de mercado y estructuras institucionales”, afirma la experta.
En este sentido, el objetivo no es únicamente llevar marcas mexicanas al exterior, sino construir relaciones comerciales de largo plazo que permitan a las empresas aprender de otros mercados y, al mismo tiempo, mostrar las capacidades desarrolladas en México: “En este proceso, la creatividad, la resiliencia y la capacidad de adaptación pueden convertirse en ventajas competitivas, siempre que estén respaldadas por procesos sólidos y estándares profesionales”.
Finalmente, Betsy Eslava Altamirano resume la visión que debe acompañar la internacionalización del sector. “Crecer en este rubro no significa dejar de ser mexicanos, significa llevar nuestras capacidades a otros mercados, aprender de ellos y construir relaciones comerciales en las que los países involucrados puedan crecer”, concluye.
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