Durante el verano reciente, la mayoría de las empresas desarrolladoras de IA anunciaron grandes planes de expansión e inversiones económicas considerables, lo que generó una variedad de expectativas en torno a los posibles efectos económicos. A continuación, se analizarán los principales.
En principio, el desarrollo de la IA requiere de una gran cantidad de insumos relacionados con el hardware, software, infraestructura, recursos energéticos, capital humano y materias primas; desde semiconductores especializados, componentes de interconexión y almacenamiento de datos, pasando por demanda específica de silicio de alta pureza, neodimio y disprosio para los componentes magnéticos, cobre y aluminio para la red eléctrica, litio y cobalto para baterías, así como argón y neón para procesos de litografía láser.
Incluso, se debe considerar el suministro de gigavatios de energía, sistemas de refrigeración avanzada, investigadores, científicos de datos y especialistas en ética y regulación. En suma, este ramo de la industria tecnológica está absorbiendo la gran mayoría de los insumos que todo el sector requiere. En consecuencia, la gran demanda de estos insumos está generando, por un lado, incremento de costos de producción y escasez para el resto de las empresas tecnológicas y, por el otro, presiones inflacionarias.
Tan solo en lo que va del año, el precio del silicio pasó de 5.46 dólares por kilogramo a 18.50, representando un incremento superior al 300%; el precio del neodimio subió un 67%, con un valor de mercado de 244 dólares por kilogramo; respecto del disprosio, su precio se duplicó, rondando los 930 dólares por kilo; el cobre y el aluminio han experimentado incrementos del 40 y el 25%, respectivamente; mientras que el litio y el cobalto han sufrido un impacto del 80% en promedio en sus precios.
Al mismo tiempo, esto ha afectado el desempeño económico del sector, lo cual se empieza a reflejar con inestabilidad financiera en el mercado bursátil en espacios donde estas empresas tecnológicas participan.
Aunque es cierto que las empresas desarrolladoras de IA están creciendo a un ritmo importante, el resto de las organizaciones empieza a tener tropiezos económicos por el acaparamiento de la cadena de suministro de estos insumos, aunado al incremento de los precios del petróleo, gas natural y otros energéticos; la economía global empieza a entrar nuevamente en un ambiente inflacionario. Esto también ya se vio reflejado en la política monetaria con el aumento de las tasas de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos a mediados de septiembre.
Es muy probable que en lo que resta del año sigamos observando ambientes volátiles en torno a los precios, los rendimientos y el crecimiento del sector tecnológico, por lo menos en lo que se decide el ritmo de desarrollo, los límites éticos y, en general, el futuro de la IA.
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