Cuando se habla de honradez, se puede afirmar que es la cualidad humana que propicia actuar con rectitud y justicia, bajo la línea de la verdad y el respeto hacia los demás; una persona honrada asume coherencia absoluta entre lo que piensa, cómo actúa y lo que manifiesta en su mensaje, evitando engañar o sacar provecho a costa del prójimo; la honestidad, por otro lado, implica comportarse y comunicarse con sinceridad, justicia y transparencia.
Cuando se profundiza en los conceptos y se les da el peso a las palabras, ocurren varios fenómenos: se encauza a las personas, se abre el panorama y se enriquece el comportamiento, pero al mismo tiempo crea conciencia y genera un compromiso en las personas.
Además, si se combinan estos términos con las Normas de Información Financiera (NIF), las Normas Internacionales de Auditoría (NIA), las mejores prácticas de negocios, los estándares en los procesos financieros, el comportamiento como docente, así como las disposiciones fiscales, comerciales, civiles y laborales, se formula un postulado integrante de la vida del profesional de la contaduría pública.
Ahora bien, después de resaltar la importancia de estos conceptos, surge la interrogante sobre por qué, a pesar de que la ética se encuentra manifiesta en todas las áreas de actuación de la profesión y se aprende desde las aulas de manera natural, encontramos comportamientos que se podrían calificar fuera de los límites de la ética.
El punto de partida es reconocer que existen personas que ejercen la profesión y han caído en comportamientos de deshonestidad, falta de honradez y, claramente, falta de integridad. Posteriormente, hay que identificar las causas para poder erradicarlas y alinear el comportamiento de todos hacia un modelo ético.
Ahora bien, sin profundizar demasiado en campos psicológicos y sociológicos, se puede partir de ciertas premisas.
Podemos seguir argumentando las tres premisas; sin embargo, la simpleza de su redacción permite una rápida comprensión, asumiendo que esta incluye un análisis profundo y un entendimiento pleno.
Hay un gran número de personas que sucumben ante tentaciones como el dinero, la fama, el renombre, el reconocimiento o la mejora de condiciones profesionales o laborales; esto se debe principalmente al orgullo, el ego y la debilidad de carácter. Todas estas condiciones se podrían eliminar y, aunque no es un proceso fácil ni simple, es posible.
Si algo queda claro es que la razón de que en algunas personas haya ausencia parcial o total de valores es porque no los aprendieron, no los fomentaron en casa, lo hacen por conveniencia, no entendieron dichos valores, o bien porque no identificaron la profundidad de su conceptualización. En última instancia, la integridad se reduce a una elección personal, es decir, se actúa o se cae en la omisión por iniciativa propia.
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