México vive una transformación profunda y acelerada de su sistema financiero, el cual evoluciona de un modelo basado en el dominio de la banca tradicional hacia un ecosistema digital dinámico y diverso. Esta no es una transición espontánea; por el contrario, es el resultado de la convergencia entre tecnologías innovadoras y la infraestructura financiera existente, hecho que permite la creación de soluciones que van desde sistemas de pago inmediatos hasta modelos complejos de inversión y capital.
El sector ha experimentado un crecimiento vigoroso desde la promulgación de la Ley para Regular las Instituciones de Tecnología Financiera (conocida como Ley Fintech), avanzando a un ritmo cercano al 20% anual, lo que ha permitido que nuevos actores, como las Instituciones de Fondos de Pago Electrónico (IFPE) y las Instituciones de Financiamiento Colectivo (IFC), amplíen la oferta de servicios financieros, enfocándose en la inmediatez, la conectividad y la personalización de la experiencia del usuario.
Todos estos elementos convergen en un solo objetivo: la inclusión financiera. De acuerdo con la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), se busca que todos los segmentos de la población tengan acceso a servicios financieros y, sobre todo, que sepan utilizarlos; por ende, estos deben ser sencillos y eficientes para que el usuario se sienta seguro en su uso cotidiano. Aunque se han registrado avances notables, como el hecho de que el 78% de la población adulta en México tiene al menos un producto financiero formal, el sistema aún enfrenta el desafío de integrar a los sectores que operan fuera de la economía digital.
En este escenario, el Banco de México (Banxico) trabaja para asegurar que los sistemas de pagos funcionen de manera segura, eficiente y accesible para todos, lo que provoca que la digitalización de los pagos en México represente no solo una mejora tecnológica, sino un cambio de paradigma hacia una economía más competitiva, transparente e inclusiva. En este sentido, Banxico no solo actúa como el guardián de la estabilidad monetaria, sino como el principal arquitecto y operador de la infraestructura tecnológica que permite la digitalización de los sistemas de pagos en el país; su mandato se extiende a garantizar que dichos sistemas sean seguros, eficientes y accesibles para todos.
Banxico crea y opera desde agosto de 2004 el Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI), el cual sustituye al antiguo y poco eficiente Sistema de Pagos Electrónicos de Uso Ampliado (SPEUA), permitiendo así la transferencia inmediata de fondos de una cuenta a otra, aun cuando estas no fueran del mismo banco; además, al integrarlo a todas las plataformas y aplicaciones, se logra una mayor integración del sistema bancario y permite que cualquier persona con una banca electrónica pueda acceder a este sistema sin depender de un ejecutivo bancario en una sucursal fija.
Los datos más recientes que arroja el uso de este sistema en el mercado nacional tienen las siguientes pautas:
Lo anterior hace de SPEI la infraestructura financiera más relevante de México, alcanzando su consolidación en el sistema financiero mexicano.
Es importante subrayar la diferencia entre el uso de efectivo y las transferencias mediante SPEI. Mientras que el efectivo permite realizar operaciones de manera inmediata, directa y sin intermediarios tecnológicos, SPEI, aun siendo un medio de pago digital, no constituye una sustitución plena, pues para concretar una operación, es necesario ingresar a una aplicación, registrar la cuenta beneficiaria y ejecutar la transferencia, lo que implica una serie de pasos adicionales. Además, su funcionamiento depende de la conectividad a Internet.
En búsqueda de una masificación digital y evitar el uso de efectivo, Banxico ha creado dos formas de pago digital que buscan inmediatez y sencillez en su uso: CoDi y DiMo.
En el caso de CoDi, aunque el uso es sencillo una vez que se está familiarizado con la plataforma, al inicio presenta ciertos inconvenientes al vincular la cuenta y comenzar a utilizarlo, lo que genera dudas en cuanto a la funcionalidad. Lo anterior radica en que quien cobra debe abrir su aplicación bancaria y generar el QR con el que la persona que realiza el pago podrá leerlo desde su aplicación bancaria; es decir, se requiere que ambos participantes estén presentes al realizar la transacción, ya que esta no puede efectuarse a distancia.
Caso contrario ocurre con DiMo, en la cual sí se pueden hacer operaciones a distancia y no resulta complejo en su uso; la única limitante es que ambos usuarios requieren cuentas bancarias vinculadas a sus teléfonos móviles. Es importante hacer notar que, a pesar de contar con una base de 11 millones de cuentas vinculadas a finales de 2024, DiMo enfrenta un reto importante de adopción real, con volúmenes de transacciones que aún se consideran mínimos frente al dominio del efectivo en la economía informal.
Uno de los aspectos que limita la masividad en el uso de estas dos opciones es, sin duda, el aspecto de la seguridad. La evolución digital ha traído consigo riesgos que Banxico ha mitigado con una regulación estricta. Recientemente, se emitieron nuevas reglas de ciberseguridad para SPEI y SPID (transferencias en dólares), obligando a las entidades financieras a contar con un Oficial de Seguridad de la Información (CISO, por sus siglas en inglés), así como implementar controles de acceso y detección de vulnerabilidades más rigurosos.
Vivimos en una época donde los usuarios de plataformas digitales en el sistema financiero buscan características que se apeguen a su forma de ver el mundo y a la forma en la que comprenden que este se mueve. Esto ha permitido la proliferación de diferentes elementos digitales (no solo los ya mencionados) que invaden el mercado y que, de alguna manera, responden a los requerimientos de los usuarios, los cuales se concentran en términos de facilidad, velocidad y seguridad.
El ecosistema financiero mexicano ha mostrado un crecimiento vigoroso, con un ritmo cercano al 20% anual. Actualmente, más de 70 millones de personas utilizan servicios financieros digitales en el país, cifra que se proyecta que alcance los 86 millones para 2027. Esta expansión se ve reflejada en la entrada de nuevos jugadores con licencias bancarias o en proceso de obtenerlas, tales como:
Aunado a lo anterior, en el mercado encontramos las llamadas billeteras digitales (wallets), que se han convertido en un motor fundamental para el comercio electrónico y los puntos de venta físicos. En 2025, estas herramientas representaron el 26% del valor de las transacciones de comercio electrónico, con proyecciones de alcanzar el 30% para 2030. Plataformas como Apple Pay, Google Wallet, PayPal y Mercado Pago han acelerado la adopción de pagos sin contacto (contactless), mejorando la experiencia del usuario y reduciendo la fricción en las operaciones diarias.
Por otro lado, las llamadas entidades agregadoras han sido clave para la inclusión de pequeñas y medianas empresas (Pymes). Estas entidades son plataformas tecnológicas que buscan centralizar información, pagos o servicios de diferentes fuentes para ofrecerlos en un solo lugar, con lo que simplifican procesos. Ejemplos de estas entidades son Clip, Mercado Pago, Conekta, entre otros. Al cierre de junio de 2024, participaban 56 agregadoras en el mercado, facilitando a los comercios la aceptación de pagos con tarjeta y otros métodos digitales mediante Terminales Punto de Venta (TPV) de bajo costo y fácil afiliación.
A diferencia de la banca tradicional, los nuevos jugadores digitales centran su ventaja competitiva en la personalización y la inmediatez. Mediante el uso de Inteligencia Artificial (IA) y el análisis de datos alternativos, estas plataformas ofrecen:
Este entorno de alta competencia ha obligado incluso a las instituciones financieras tradicionales a modernizar sus servicios, invirtiendo en infraestructura digital para no perder cuota de mercado frente a los nuevos participantes nativos digitales.
La digitalización total de la economía mexicana es un rompecabezas con piezas que aún se deben examinar. Para que este ecosistema funcione con absoluta certeza, se requiere de un cimiento jurídico sólido y una comprensión profunda de las herramientas disponibles para el comercio y el ahorro. En definitiva, la digitalización del sistema financiero mexicano no es el futuro, es el presente.
El CFO mexicano ya no sólo controla números; hoy anticipa riesgos y lidera la estrategia de supervivencia empresarial frente a un entorno global volátil.
Francisco ArballoLa ENIF (2012-2024) muestra que México pasó de un sistema financiero limitado a un ecosistema digital con banca móvil, oferta fintech y nuevos productos.
María de los Ángeles Martínez OlguínSegún la ENIF 2024, los productos financieros más populares en México son las tarjetas de crédito departamentales con 22.6% y las bancarias con 15.7%.
Miriam Ledesma Muciño, Maximiliano Molina LedesmaEn 2024, México registró 803 empresas fintech activas, manteniéndose como el segundo ecosistema más grande de Latinoamérica (sólo detrás de Brasil).
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