La Master File fue concebida como el documento que permite a la autoridad conocer la estructura general del grupo multinacional, líneas de negocio, cadena de suministro, intangibles, financiamiento intercompañía y política global de asignación de utilidades. A diferencia del estudio local de precios de transferencia, el cual analiza operaciones específicas de la entidad mexicana, el archivo maestro proporciona el contexto económico sobre el que después se interpreta la posición funcional y financiera reportada en México.
Durante sus primeros años de vigencia, numerosos grupos multinacionales administraron esta obligación como un entregable corporativo centralizado. La práctica habitual consistió en elaborar una versión uniforme desde headquarters y remitirla a las filiales para su presentación local; sin embargo, después de casi 10 ejercicios de convivencia regulatoria, esa aproximación resulta limitada, pues el documento ya no opera únicamente como una formalidad informativa, sino como una base de contraste para validar la congruencia entre narrativa global y documentación local.
Desde el Plan Maestro 2024, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) anunció la implementación de modelos de analítica de grafos, aprendizaje automático y clasificación de contribuyentes de riesgo para identificar inconsistencias y esquemas de elusión, línea ratificada en el Plan Maestro 2026 mediante una fiscalización soportada en cruces electrónicos y explotación masiva de información declarada.
Los resultados recaudatorios muestran la relevancia de esta estrategia. En mayo de 2025, el SAT informó que, entre 2019 y 2024, obtuvo más de 106,178 millones de pesos por eficiencia recaudatoria derivada de auditorías a grandes contribuyentes en materia de precios de transferencia, cifra 367% superior a la registrada en el periodo de 2013 a 2018.
Estas cifras permiten advertir que los precios de transferencia se han consolidado como una línea estructural de captación tributaria. Bajo ese escenario, la Master File adquiere utilidad no sólo como documento de cumplimiento, sino como insumo preliminar para reconstruir la lógica económica del grupo, identificar concentración de utilidades, localización de intangibles y distribución de riesgos antes de revisar el estudio local.
En la práctica, la obligación de presentar el archivo maestro recae sobre la entidad mexicana, pero su elaboración material suele centralizarse en la casa matriz o en el equipo global de precios de transferencia. Ello genera un riesgo operativo frecuente, ya que la filial conoce el vencimiento legal y solicita de manera oportuna el documento, pero no controla el calendario global de preparación, la fecha de liberación de la versión final ni el nivel de profundidad técnica de la información proporcionada.
La consecuencia es relevante. Si el archivo se comparte tardíamente o bajo versiones genéricas, la entidad mexicana ve limitada su capacidad para verificar si la narrativa multinacional es consistente con su Local File, particularmente en aspectos como asignación funcional, titularidad de intangibles, estructuras de financiamiento y distribución de beneficios. El riesgo, por lo tanto, no se restringe a una omisión formal de presentación, sino a sostener documentación desalineada entre el nivel global y el local.
A este entorno se suma la transición hacia el BEPS 2.0. Con el Pilar 1 y 2, los grupos multinacionales enfrentarán mayores exigencias de trazabilidad sobre la asignación internacional de utilidades, tasas efectivas de imposición y la remuneración de funciones rutinarias. Aunque el contenido formal del artículo 76-A no ha sido reformado, sí se incrementa el nivel de consistencia que deberá sostener la Master File.
La descripción global del grupo respecto de la creación de valor, propiedad económica de intangibles, concentración de riesgos y política financiera comenzará a contrastarse no sólo con el estudio local y el Reporte país por país, sino con nuevas capas de información tributaria internacional. En consecuencia, el archivo maestro deja de ser una pieza estática de cumplimiento para convertirse en un documento de interoperabilidad documental.
Bajo este contexto, la gestión de la Master File 2025 requiere una aproximación distinta. La entidad mexicana no debería limitarse a solicitar el archivo a headquarters en fechas cercanas al vencimiento, sino implementar procesos anticipados de seguimiento, revisión de consistencia con la Local File y validación de que la versión final refleje adecuadamente la estructura funcional y financiera del grupo.
La obligación legal permanece formalmente igual; sin embargo, el contexto de fiscalización ya no lo es. El reto técnico para 2025 no consistirá únicamente en contar con el archivo maestro dentro del plazo legal, sino en asegurar que dicho documento resista una revisión de coherencia documental cada vez más transversal entre información local, global e internacional.
El cierre fiscal 2025 requiere una visión integral que abarque aspectos legales, tributarios, laborales, societarios, financieros y de compliance.
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