A partir del ejercicio 2025, en México hay dos sectores obligados a revelar información ambiental, social y de gobernanza (ASG):
Las obligaciones de estos grupos de entidades tienen en común que en ambos marcos conceptuales se tiene una dispensa para no revelar los Gases de Efecto Invernadero (GEI) en su alcance 3. La medición de los gases, también conocida como huella de carbono, se clasifica en 3 alcances, de acuerdo con el Protocolo GEI:
Los indicadores GEI alcance 1 y 2 empezaron a reportarse en los informes de sostenibilidad de 2025; y dado que la huella de carbono de una entidad es la suma total de las emisiones de los tres alcances, una empresa determinará su alcance 3 con el alcance 1 y 2 de sus clientes y proveedores (en la parte correspondiente a las operaciones que tuvieron con dicha empresa).
Con lo anterior, podría pensarse que en la huella de carbono de una nación o localidad hay un efecto de duplicidad. Para no generar confusiones, es importante aclarar que la huella de carbono de las entidades no se va a sumar en una localidad, país o sector, ya que, en ese caso, sí se generaría un efecto doble que no tiene mucho sentido.
El alcance 3 se suma a la huella de carbono para conocer el impacto que tiene una persona o una entidad en el medio ambiente. En este sentido, la medición del alcance 3 de los indicadores GEI tiene como objetivo cuantificar el impacto de las interacciones con otras entidades para ampliar el sentido de responsabilidad ambiental y no quedarse solo con el dato de las emisiones directas.
Al conocer también las emisiones indirectas, cada entidad tiene más elementos para decidir dentro de su cadena de valor (clientes y proveedores) y buscar cada vez más negocios sostenibles.
Ahora bien, los obligados con IFRS S1, S2 y NIS tuvieron la dispensa para no revelar su alcance 3 de indicadores GEI por el ejercicio 2025; sin embargo, para 2026 (a reportar en 2027) ya es un dato que se debe medir e informar, por lo menos para el primer grupo (empresas emisoras).
En el caso de las empresas que revelan con NIS, inicialmente sería obligatorio en 2026; no obstante, en las propuestas de mejoras a las NIS para este año se prevé nuevamente la dispensa para no revelar este Indicador Básico de Sostenibilidad (IBSO), indicando que las empresas solo deberán comunicar las principales actividades en las que les apliquen estas emisiones.
En el segundo semestre de 2026 surge una interrogante: ¿las compañías están preparadas para reportar este indicador? Cabe aclarar que el reto no inicia como tal en 2026, sino que inició desde el momento en que surgió la obligación del reporte ASG, y aunque hubo una dispensa, las entidades ya debieron tener implementados los mecanismos para la medición de sus indicadores GEI.
El reto es que la mayoría de las entidades tengan sus emisiones de alcance 1 y 2 para proporcionar o solicitar información a sus clientes y proveedores a fin de determinar su alcance 3, constituyendo la cadena de obtención de información ideal a la que se debe llegar.
Dado que la realidad indica que no se tendrá a la mano el dato sobre dichos alcances de todos los clientes y proveedores, se tendrán que buscar métodos alternativos del Protocolo GEI para determinar el alcance 3.
Ahora bien, para la segunda mitad de 2026 ya deben estar entregados todos los informes de sostenibilidad de las emisoras. La cadena de valor deberá impulsar estos reportes, esperando que cada año más entidades y sus gobiernos corporativos se responsabilicen de este reporte.
La revelación de las emisiones GEI (alcance 1, 2 y 3) se ha convertido en un elemento estratégico para la permanencia de las organizaciones en las cadenas de valor. Cada vez más, clientes, inversionistas, instituciones financieras y grandes empresas exigen información climática confiable como condición para mantener relaciones comerciales.
La ausencia de esta información puede limitar la capacidad de una entidad para participar en licitaciones, acceder a mercados internacionales o conservar contratos con clientes que han establecido objetivos de descarbonización. Además, la medición y divulgación de los tres alcances fortalece la posición competitiva de la empresa al facilitar su integración en cadenas de valor sostenibles.
Las organizaciones líderes necesitan cuantificar sus emisiones de alcance 3 utilizando información de proveedores, distribuidores y otros socios comerciales; por ello, las empresas que son capaces de reportar sus propias emisiones con metodologías reconocidas se convierten en proveedores más atractivos y con menor riesgo para sus clientes.
En este contexto, la transparencia en los indicadores GEI deja de ser únicamente un ejercicio de cumplimiento normativo y se transforma en un factor que favorece la continuidad del negocio, el acceso a financiamiento sostenible y la generación de relaciones comerciales de largo plazo.
A partir de 2026 también surge otra figura en México: el aseguramiento de los reportes de sostenibilidad. Esto es también en cumplimiento de las disposiciones de la CUE que establecen la obligación para este año.
La incorporación gradual del aseguramiento externo de los informes de sostenibilidad contribuirá a elevar la calidad, la confiabilidad y la comparabilidad de la información divulgada, desincentivando tanto la falta de reporte como la presentación de datos inexactos o sin sustento. Esto incrementa la confianza de inversionistas, autoridades, entidades financieras y demás grupos de interés, al tiempo que fortalece la rendición de cuentas de las organizaciones. En consecuencia, las empresas deberán robustecer sus sistemas de recopilación y control de la información de sostenibilidad.
Más que un simple requisito regulatorio, la revelación de los indicadores GEI alcance 3 en los informes de sostenibilidad representa el inicio de una nueva etapa en la gestión empresarial, basada en la transparencia, la trazabilidad y la colaboración dentro de la cadena de valor.
Las organizaciones que desarrollen información confiable, medible y verificable no solo estarán en mejor posición para cumplir con las obligaciones normativas, sino también para fortalecer la confianza de inversionistas, clientes y demás grupos de interés, incrementando su competitividad y permanencia en un entorno donde la sostenibilidad se consolida como un criterio clave para hacer negocios.
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