En este escenario, las firmas de profesionales y asesores fiscales se enfrentan a un nuevo paradigma. La implementación de un enfoque de compliance fiscal internacional ya no es una opción, sino una exigencia estratégica que distingue a las organizaciones comprometidas con la transparencia y la integridad corporativa.
El concepto de compliance se define como el conjunto de políticas, procedimientos y controles destinados a garantizar el cumplimiento de las normas aplicables. En el ámbito tributario, este enfoque trasciende la mera presentación oportuna de declaraciones y el cálculo correcto de los impuestos, ya que exige la implementación de una estructura integral orientada a la prevención, detección y mitigación de los riesgos fiscales.
Un sistema de cumplimiento eficaz debe contemplar, entre otros elementos, la identificación y evaluación de riesgos, la adecuada documentación de evidencias, el establecimiento de canales de denuncia confidenciales y la supervisión continua de los procesos internos; asimismo, debe fomentar una cultura organizacional sustentada en principios de ética, responsabilidad y rendición de cuentas.
Tal como ha señalado la World Compliance Association, el cumplimiento fiscal no se circunscribe exclusivamente al ámbito normativo, sino que incorpora dimensiones éticas y reputacionales que caracterizan a las organizaciones verdaderamente sostenibles.
La transformación del sistema fiscal internacional, impulsada por iniciativas como el Proyecto Base Erosion and Profit Shifting (BEPS) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ha redefinido la manera en que las empresas asignan funciones, activos y beneficios entre distintas jurisdicciones. La implementación de los pilares 1 y 2 tiene como objetivo redistribuir la base gravable hacia los países donde efectivamente se generan los mercados, así como introducir un impuesto mínimo global del 15%.
Si bien México no ha adoptado de forma integral las reglas del Pilar 2, las empresas mexicanas ya experimentan sus efectos como consecuencia de su operación en jurisdicciones en las que dichas disposiciones han entrado en vigor. Como advierte PwC en su guía sobre reformas fiscales internacionales, este nuevo entorno requiere un dominio técnico profundo y una gestión tributaria que articule adecuadamente la visión local con la coherencia global.
Las empresas que actualmente prestan asesoría en operaciones transfronterizas deben comprender un conjunto amplio y complejo de disposiciones normativas; entre estas, se incluyen los convenios para evitar la doble imposición, las reglas de precios de transferencia, los regímenes de retención, los mecanismos de acreditamiento de impuestos pagados en el extranjero y los criterios para la determinación del Establecimiento Permanente (EP).
El cumplimiento fiscal internacional no debe concebirse sólo como un sistema de control, sino como una herramienta estratégica para fortalecer la sostenibilidad, la legitimidad y la confianza frente a autoridades fiscales y socios comerciales. En este sentido, las organizaciones que integran principios de ética, gobernanza corporativa y tecnología en sus programas de cumplimiento trascienden el rol de simples proveedores de servicios y se consolidan como verdaderos socios estratégicos.
La implementación de un modelo de cumplimiento robusto exige una visión integral sustentada en tres ejes fundamentales:
Tal como destacan Cofide y la World Compliance Association, un sistema de cumplimiento únicamente resulta sostenible cuando se consolida desde el interior de la organización. Ello exige la capacitación continua del personal, la difusión efectiva del código de ética, la implementación de mecanismos seguros y confidenciales de denuncia, así como una comunicación fluida y transparente entre las áreas fiscal, legal y de dirección. En este sentido, el cumplimiento tributario no debe concebirse como una función aislada o un departamento específico, sino como una forma integral de operar y tomar decisiones dentro de la organización.
El compliance fiscal internacional se ha consolidado como el parámetro que mide la credibilidad y el grado de madurez institucional de los despachos profesionales. La implementación de modelos que garanticen transparencia, coherencia documental y rendición de cuentas no sólo permite satisfacer las crecientes exigencias regulatorias, sino que también fortalece la reputación corporativa y genera valor empresarial sostenible.
El futuro de la asesoría tributaria no pertenece a quienes dominan exclusivamente la técnica fiscal, sino a aquellos que integran principios éticos, soluciones tecnológicas y una visión estratégica global en sus modelos de servicio. En un entorno en el que la confianza y la cooperación internacional determinan la legitimidad de los negocios, el compliance fiscal no constituye el punto final del proceso, sino su verdadero punto de partida.
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