Las empresas petroleras de Estados Unidos ya se encuentran invirtiendo fuertemente en la industria venezolana, como fue anunciado desde un principio por el presidente Donald Trump. No obstante, dada la reacción global del mercado, la economía estadounidense no ha encontrado espacios apropiados para comercializar el petróleo que obtiene de Venezuela y aún no ha obtenido las ganancias esperadas.
Cabe recordar que en enero de 2026 el gobierno de Estados Unidos dio a conocer que su deuda pública había alcanzado los 38.5 billones de dólares, una cifra en máximo histórico que representa el 125% de su Producto Interno Bruto (PIB). De esta manera, una buena forma de generar ingresos públicos es mediante la estimulación de una de las industrias más grandes de la economía estadounidense: la petrolera.
A pesar del crecimiento económico del país norteamericano, que en 2025 fue del 2.2%, la tributación sigue siendo insuficiente para atacar la deuda pública, ya que en el mismo año la recaudación fue de tan sólo 5.23 billones de dólares; a esta cifra hay que descontarle todo el gasto corriente, que en 2025 fue de 7.1 billones, lo que dejó un déficit de 1.8 billones de dólares.
En consecuencia, no sólo es importante hacerse de más recursos naturales, sino también poder comercializarlos a un buen precio para que la recaudación sea mayor. De esta manera, todo parecía indicar que el siguiente paso tendría que involucrar una acción que tuviera un impacto fuerte en el precio del petróleo. Ante esto, uno podría pensar que el conflicto con Irán tenía ese objetivo, ya que en enero el precio por barril rondaba los 62 dólares y, para la segunda semana de marzo (después de seis días de conflicto bélico), alcanzó los 115 dólares.
Bajo este escenario, la comercialización de petróleo es mucho más redituable para las empresas estadounidenses y, sin duda, generará una mayor recaudación; sin embargo, al hacer un análisis final respecto al costo de la guerra, los principales analistas del mundo (como JP Morgan, Bank of America y Wells Fargo) han estimado que el costo diario del conflicto es de aproximadamente 960 millones de dólares.
No hace falta ir más allá para darse cuenta de la inviabilidad económica del conflicto bélico en términos de usarlo como instrumento de política económica para solventar la deuda pública.
No se trata de una cuestión de control de precios, comercialización y acaparamiento del mercado petrolero, ya que esto puede tratarse de un movimiento hacia la hegemonía mundial en el control de este recurso y, en consecuencia, un monopolio global. Irán es el principal vendedor de crudo de Rusia y China, tema que tendría implicaciones importantes si Estados Unidos logra controlar estos recursos como en Venezuela.
Las reservas venezolanas pueden producir alrededor de 20 millones de barriles diarios, lo que equivale al 135% de la producción actual de Estados Unidos.
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