Algo que tenemos que dejar claro es que el trabajo de cualquier CEO no es saberlo todo. Aunque se siente como una labor solitaria, en un puesto que se supone no responde a nada o nadie (esta aseveración está muy lejos de la verdad, pues los consejos de administración, clientes e inversionistas son algunas de las personas que esperan que la dirección haga un buen trabajo y a quienes le pedirán cuentas), si se desea ser un buen líder, hay que tener la habilidad de incentivar e impulsar el talento de la gente que trabaja en la empresa.
Más allá de poder encontrar información valiosa en un motor de búsqueda o crear un prompt eficiente de Inteligencia Artificial (IA), el verdadero talento de alguien que dirige personas es encontrar cómo aprovechar el talento de sus equipos.
Por eso, las habilidades humanas (o blandas) como tener empatía, saber hacer equipo, tener curiosidad, aprovechar cada oportunidad para aprender, entre otras, no pueden tomarse a la ligera. Estas son las que, generalmente, no son parte del currículum de una carrera, a pesar de que luego serán las que más urge dominar para crear entornos de trabajo saludables, productivos y eficientes, que incluso son importantes para el crecimiento de cualquier persona.
En un artículo de la revista UNAM Global, la doctora Alejandra García Saisó (docente de Psicología Organizacional en esta universidad) dijo: “Hoy las habilidades blandas tienen que estar incluidas no sólo en la formación a nivel profesional o en la educación media básica, sino desde la primaria, porque ahí está la clave del desarrollo humano”. Y saber hacer preguntas es un componente importante de ellas.
Un cuestionamiento oportuno también tiene que ser estratégico, y puede ser el catalizador que lleve a encontrar una solución ante una crisis, por ejemplo; asimismo, también se puede convertir en una actividad que nutre a los equipos en distintas etapas para lograr una dinámica que incentive la sana discusión y el intercambio de ideas que lleve a otras más valiosas.
Esto se da por sentado, pero no siempre es fácil que las personas se sientan cómodas haciéndole preguntas a sus líderes, y es el tipo de situaciones que llevan a resultados mediocres o procesos con muchas trabas. Dicen que no existe pregunta mala; me atrevo a decir, gracias a la experiencia que he tenido como consultor, que en realidad sí las hay: son las que no se hacen por miedo o porque no se incentiva el análisis de las propuestas. En cualquier caso, la ausencia de preguntas puede ser la razón detrás de un mal resultado en una estrategia con fallas que se ignoraron y no se detectaron a tiempo.
¿Esto significa que cualquier pregunta es buena? No en el entorno estratégico de una empresa. Hacer preguntas tiene que ser una herramienta que se adapte a necesidades específicas, porque la idea es que generen respuestas, análisis y escenarios que enriquezcan cualquier proceso. Preguntar sin dirección significa perder recursos: tiempo, energía, dinero y esfuerzo.
Un artículo de la Harvard Business Review comparte una clasificación de preguntas a partir de su función principal y el valor que agregan dentro de una organización. Considero que es una buena guía para quienes ocupan puestos de dirección y se enfrentan a este tipo de actividades por primera vez o tienen poca experiencia, ya que es importante que podamos admitir cuando hay un aspecto del liderazgo que todavía no se domina del todo; por fortuna, se puede mejorar.
Aprender a utilizar estos tipos de cuestionamientos ayuda a gestionar problemas y descubrir caminos para resolverlos:
Por supuesto, no todas estas preguntas son fáciles de hacer ni de responder. Eso dependerá, en gran medida, del clima laboral que ya exista y de los ajustes que se tengan que hacer para garantizar un espacio seguro para levantar la mano y cuestionar a líderes y colaboradores por igual, sin miedo a repercusiones. Aquí se incluyen también mediaciones con recursos humanos o coordinadores, canales de comunicación, espacios para poner las preguntas sobre la mesa y el registro de las respuestas para recuperar lo más valioso de estas sesiones; esto se debe a que hasta en la forma en que se hacen preguntas se nota la madera de un buen líder.
Al escuchar a los equipos, se beneficia a la cultura laboral, pues se impulsan sus habilidades y creatividad, dirigiendo esfuerzos hacia un mejor desempeño.
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